Jaén en llamas. Si hiciéramos una fotografía desde el cielo, la imagen revelaría cientos de pequeños fuegos esparcidos a lo largo y ancho de los 13.489 kilómetros cuadrados de la superficie provincial. Tras la campaña de la aceituna, los 110.000 olivareros de la provincia están podando y cortando el ramón, cuya eliminación acarrea muchos quebraderos de cabeza a los agricultores, pero que ahora la ciencia ha demostrado que puede tener un enorme valor.
La mayor parte de los oleicultores, informados por las organizaciones agrarias, son conscientes de que todas estas 'sobras' se pueden aprovechar para producir electricidad (y en un futuro no muy lejano también biocombustibles), pero carecen de los medios adecuados para recogerla, almacenarla y, lo más complicado, llevarla hasta la planta más cercana, que se encuentra en Puente Genil (Córdoba). Una hectárea de monocultivo produce una media de 2,5 toneladas de ramas y hojas, una cantidad que multiplicada por las 680.000 hectáreas de olivar existentes en Jaén arroja un volumen de 1.700.000 toneladas. Sí, 1.700.000 toneladas desaprovechadas y que, convenientemente explotadas, incrementarían la diversificación de un sector centrado en la recolección y la molturación.
Emilio Torres, técnico de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA), comenta que, en efecto, ahora mismo la costumbre generalizada entre los oleicultores es deshacerse de la madera quemándola, aunque también hay muchos que la trituran y la incorporan al suelo como materia orgánica. El problema es que este segundo procedimiento, mucho menos extendido que el primero, supone un desembolso mucho mayor.
Por este motivo, la UPA está llevando a cabo esta campaña una experiencia piloto, en colaboración con Valoriza Energía y Azucareras Reunidas, para descubrir la fórmula que permita que este proceso se pueda llevar a cabo con los mínimos costes que sean posibles. Para ello se han creado cinco sociedades, que están desarrollando todo tipo de ensayos: desde el cálculo de los rendimientos de las máquinas que deben utilizarse en las explotaciones hasta la optimización de los servicios de transporte. El objetivo, que procedimientos y protocolos estén perfectamente calibrados para que la relación entre ingresos (lo que cobrarán los productores por sus 'residuos') y gastos (lo que pagarán por obtener y depositar el material) sea rentable. Por ahora, según comentan desde la UPA, parece que las cuentas salen. Por poco, pero salen. En cualquier caso la viabilidad dependerá en última instancia de que se ponga en marcha la plataforma de tratamiento de Linares, que será gestionada por Azucareras Reunidas y que ya está en fase de construcción. La previsión es que en un plazo de dieciséis meses pueda entrar en funcionamiento.
Para el secretario general de UPA-Andalucía, el jienense Agustín Rodríguez, los profesionales del campo están sensibilizados con el cambio climático y la importancia de su contribución para la preservación del medio ambiente, pero todavía hace falta tiempo e infraestructuras para lograr unos sistemas eficientes. 'Lo importante -asegura- es que ya existe una orden de incentivos (93 euros por cada megavatio/hora fabricado), lo que implica que ya se pueda establecer un precio por la biomasa'.
'Ahora hace falta que se organice toda la intendencia y que haya empresas que comercialicen este producto, que es lo que se está haciendo en estos instantes', señala Agustín Rodríguez, quien agrega que el siguiente objetivo es que las 330 almazaras y cooperativas de Jaén vean que la energía puede ser también una buena oportunidad de negocio para ellas, 'instalando pequeñas centrales que puedan generar uno, dos o cinco megavatios, un equipamiento que no requiere de grandes inversiones y para los que existen ayudas'.