Los antiguos cántabros no ofrecieron un frente común ante la invasión romana. Esta es una de las conclusiones a las que han llegado los profesores e investigadores de la Universidad de Cantabria (UC) y otras universidades españolas que se recogen en el libro 'Los cántabros en la antigüedad. La historia frente al mito', editado PUbliCan-Ediciones, el servicio de publicaciones de la UC.
Al acto de presentación asistieron los coordinadores del libro, los profesores de la UC José Ramón Aja Sánchez, Miguel Cisneros Cunchillos y José Luis Ramírez Sábada; el rector, Federico Gutiérrez-Solana; y el vicerrector de Planificación y Organización y director de PUbliCan-Ediciones, Gonzalo Capellán.
Gutiérrez-Solana destacó que el esfuerzo colectivo de profesores de la UC y de las Universidades de Zaragoza, León, Salamanca y Murcia permitido la "actualización" del conocimiento de los cántabros en la antigüedad, que se ha basado además de en fuentes clásicas -- básicamente literarios-- en disciplinas auxiliares de la historia como la Arqueología, Epigrafía o la Numismática, lo que ha dado lugar a "una obra experimental, analítica y aplicada", dijo.
El rector aludió a la "visión científica" de la obra, que "se corresponde más con la historia que con el mito porque la investigación de la universidad se hace desde el desapasionamiento, el rigor y la neutralidad que toda investigación requiere en cualquier área de conocimiento", declaró.
'Los cántabros en la antigüedad. Del mito a la Historia' pretende hacer una actualización y revisión crítica lo más rigurosa posible de la historia de los cántabros, desde la llamada Segunda Edad del Hierro hasta la época de transición entre la Antigüedad Tardía y la Alta Edad Media.
Así lo explicó el profesor Ramírez Sábada, quien indicó que el libro responde "a la necesidad de actualizar y revisar críticamente bastantes cuestiones históricas referidas a la historia de la Antigua Cantabria que, o bien se encontraban sin actualizar desde hace décadas o bien se encuentran exacerbadas o sobrevaloradas en su importancia".
La obra también actualiza la antigüedad tardía de Cantabria, que, según Ramírez Sábada, "no debe verse como la época final, decadente, oscura y conflictiva del mundo romano, sino como una etapa histórica autónoma a partir de la cual se hizo la transición entre el Mundo Antiguo y el Medieval".
Destinada a investigadores y al público en general "que pueda disponer de una visión actualizada, con un tratamiento crítico de los tópicos que se viene repitiendo por convicción o comodidad", el profesor enumeró los resultados o aportaciones que se derivan de la investigaciones llevadas a cabo y recogidas en la obra.
"APROPIACIÓN INFUNDADA" DE COROCOTA Así, destacó la inexistencia de un sustrato lingüístico vasco y sí la predominancia de una población indoeuropea. También describió como invento la "figura poética" de Laro y matizó la "apropiación infundada" del personaje de Corocota.
La obra ha supuesto, asimismo, un estudio de la arqueología de los pueblos cántabros no como un simple listado de Castros de cronología imprecisa, sino dentro de las líneas investigadoras que para la misma época cronológica se están llevando a cabo en el resto de España.
También marca la inutilidad de las fuentes literarias por si solas para recomponer el escenario y los frentes de las guerras cántabras, y revela indicios de que los cántabros no ofrecieron un frente común y unido ante el invasor romano durante las guerras cántabras, sino que cada pueblo tuvo su estrategia y su interés frente a Roma.
Otras conclusiones apuntadas por los coordinadores de la obra son la creación y potenciación de una red viaria, el peculiar desarrollo de "ciudades", cuya característica era su escaso desarrollo urbanístico con la excepción de Julióbriga, y el análisis sobre la verdadera extensión territorial del Ducado de Cantabria y, antes de él, de la presencia visigoda en el territorio de la antigua Cantabria.
El libro trata también el Cristianismo y, como epílogo, los inicios de la ordenación del territorio y de la nueva sociedad emergente tras la invasión árabe y la destrucción de Amaya.